Después de tantos años viviendo en la ciudad había olvidado lo que era el otoño. Luz dorada, días cálidos, colores, y una lenta y progresiva transición.
35mm

El poder de un paseo, de un «simple» paseo.
Recientemente he reflexionado sobre la importancia de sincronizarse con el ritmo de la naturaleza. Cuando estamos en contacto con las estaciones se produce una cierta sintonía espontanea, una actualización del sistema. Observar los fenómenos naturales típicos de cada estación nos ayuda a ser conscientes de lo que esta pasando en nuestro entorno y a mimetizarnos con el. Nuestro organismo con su gran inteligencia se predispone de forma natural y autónoma a vivir los mismos procesos que la naturaleza esta viviendo, puesto que somos parte de ella, un elemento, un ser más dentro del ecosistema, de la inseparable cadena trófica.
Así pues, un «simple» paseo durante el otoño, o varios, si nos damos el regalo, nos empuja a vivir en nosotros mismos esa misma transición que hacen los arboles y los animales, y a recordar como la vida transcurre por ciclos y fases. En consecuencia, nuestro cuerpo y nuestra mente se van a ordenar para dar un tiempo a cada cosa, sin forzar, y en este caso, el del otoño, a dejar ir, a soltar, tal como lo hacen plantas y arboles. Al estar sincronizados con ese bioritmo nos resultará más fácil soltar partes de uno mismo para volver a brotar con frescura y energía renovada más adelante. La naturaleza tiene ese poder: el poder de lo natural, el de que todo este proceso que pudiera parecer arduo y doloroso sea más fluido, progresivo, ordenado, más acorde a nuestra biología y nuestra esencia.
Durante el paseo me sentí en calma, inspirado, disfrutando de esa cálida luz del día y la belleza que me rodeaba. En esos paseos encuentra uno un cierto consuelo, una caricia en el alma. Sin ese paseo, sin esos estímulos, sin esa belleza natural, podría haberme quedado en casa quejándome del frio, de que los días son más cortos, de que llueve. En la montaña, en otoño, la lluvia ensalza los olores, los días más cortos se compensan con un tono de luz más cálido, casi dorado, y los días grises van vestidos de preciosos tonos amarillos, rojos, naranjas, llenos de vida. ¡Bienvenido Otoño!
Comparto las fotos de uno de mis paseos otoñales.









